El modelo económico y el lento crecimiento

En el mes de noviembre, el Dr. Óscar Vera explica las verdaderas razones por las que los pronósticos del crecimiento económico de México para 2017 son poco optimistas. Ya que recientemente, el Fondo Monetario Internacional revisó a la baja su estimado de 2.7% a 2.3%, mientras que el rango previsto por el Banco de México se redujo a 2.3-3.3%: Y, la cifra establecida en el proyecto de presupuesto para 2017 de la Secretaría de Hacienda es de 2.0-3.0%.

Con estas cifras, el crecimiento anual promedio de esta administración será el más lento (2.1%) de los últimos cuatro sexenios, incluso por debajo del inmediato anterior en el que ocurrió la gran crisis (y recesión) económica mundial.

Si bien es cierto que este gobierno ha enfrentado el desplome de los precios del petróleo, también lo es que concretó las reformas estructurales que, supuestamente, eran lo que faltaba para detonar un crecimiento económico acelerado (y por mucho tiempo se reiteró que la economía mexicana “no depende del petróleo”).

Por otra parte, hace pocas semanas el economista en jefe para América Latina del Banco Mundial señaló que “es un gran misterio por qué México no crece más rápido”. Esta afirmación hizo resurgir la discusión entre analistas económicos sobre qué es lo que falla y que hay que cambiar. En otras palabras, se volvió a la discusión sobre el modelo económico.

¿Cambiar el modelo económico?
Las dos críticas más comunes a la política económica actual (el modelo) son, por un lado, que la apertura comercial genera una alta dependencia de insumos del exterior, lo que
beneficia a muy pocas empresas, dejando a la mayoría de pequeñas y medianas empresas en una gran desventaja.
De ahí que se propone una política industrial que privilegie a la producción nacional (en otras palabras, proteccionismo).
El modelo económico y el lento crecimiento nera una alta dependencia de insumos del exterior, lo que beneficia a muy pocas empresas, dejando a la mayoría de pequeñas y medianas empresas en una gran desventaja.

La otra crítica enfatiza que el modelo económico actual se basa en un ‘sesgo anti-mano de obra’ que se traduce en mantener salarios bajos y, en consecuencia, en un mercado interno deprimido. Por lo tanto, se deben aumentar los salarios (por decreto) y gravar más al capital (impuestos). Esta visión ha cobrado fuerza por el énfasis reciente en el problema de la creciente desigualdad, si bien es un fenómeno de carácter mundial.

No hay duda de que ambas críticas se basan en problemas reales, aunque son visiones parciales que confunden ‘peras con manzanas’, al atribuir al ‘modelo’ su origen, cuando en realidad las verdaderas causas se encuentran en otra parte. 

Problemas de fondo

El más reciente Reporte de Competitividad Mundial del Foro Económico Mundial (WEF), sitúa a México en el lugar 51 entre 138 países, lo que representa un avance de seis lugares vs. 2015. Como es usual, las autoridades gubernamentales dieron una amplia difusión a este ‘gran avance’. Sin embargo, no hay mucho que festejar.

En primer lugar, porque siendo la economía número 14 en tamaño a nivel mundial (‘más importante’ según la propaganda oficial), estar en el lugar 51 en competitividad es deplorable. De hecho, el mejor lugar que ocupa México dentro de los diversos indicadores analizados es en ‘Tamaño del mercado’. Es decir, nuestra mayor ventaja
competitiva es que somos muchos mexicanos, no que seamos muy productivos, bien educados o capacitados, o que tengamos la una infraestructura de calidad, por mencionar algunos de los indicadores considerados.

En segundo lugar, porque este lugar 51 representa,prácticamente, regresar a la posición de hace cuatro años, cuando el país estuvo en el lugar 53, aunque después cayó hasta el número 61 en 2014

Por último, y lo más importante, es que en varios de los indicadores considerados como “Requerimientos básicos para el crecimiento” México se encuentra casi al final de los 138 países y con una tendencia a empeorar en los años recientes.

En particular, en el renglón de Instituciones nuestro país se encuentra en el lugar 116 entre los 138 países considerados, cuando en 2012 se situaba en el lugar 92. Este renglón abarca 21 indicadores, dentro de los que México sobresale negativamente en: Crimen organizado (lugar 135), Confiabilidad de las policías (130), Desviación de fondos públicos (125), Favoritismo en las decisiones de funcionarios públicos (124) y Efectividad del marco legal para solucionar conflictos (113), entre otros (ver cuadro anexo).

Un requisito indispensable para que una economía de mercado funcione eficientemente (más aún si está insertada en la economía global) es que tenga instituciones eficaces en materia de justicia y protección de los derechos de propiedad. La esencia del mercado es el intercambio de bienes y servicios, que se basa en el respeto a los derechos de propiedad y en la seguridad jurídica y física. Por ello, instituciones deficientes o inoperantes inciden directamente en el potencial de crecimiento de la economía.

Por otra parte, en materia de competitividad de la educación, los resultados también son muy pobres. En Calidad de la educación primaria el país se encuentra en lugar 114, en Calidad del sistema educativo general en el 112 y en la Calidad de la educación en ciencias y matemáticas en el 120. ¿No será esta la causa real de los bajos salarios en México, más que un supuesto ‘modelo económico anti-salarial’?
Éstas son las verdaderas causas detrás del bajo crecimiento crónico de la economía mexicana, por lo que mientras no se corrijan el modelo económico no va a funcionar. Más aun, ningún modelo funcionará adecuadamente bajo estas condiciones.

“Nuestra mayor ventaja competitiva es que somos muchos mexicanos, no que seamos muy productivos, bien educados o capacitados”.

Posición de méxico en el reporte Mundial de Competitividad 2016 - 2017 (138 países)

*/ Total de indicadores considerados: 21
**/ Total de indicadores considerados: 8
Fuente: World Competitiveness Report, 2016-2017

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