SER O NO SER EXPONENCIAL

Autor: Néstor Márquez, publicado en la revista NEO impresa en Abril del 2017.

La idea de exponencialidad en los negocios puede ser un poco difícil de explicar sin echar mano a términos matemáticos, aunque es posible intentarlo con uno biológico; tal es el caso del crecimiento acelerado de las células cancerígenas en un organismo enfermo, las que crecen tan rápido, que terminan por acabar con el cuerpo que les da hospedaje.

El crecimiento exponencial se diferencia del lineal, en el segundo, el incremento en una unidad se corresponde con una respuesta equivalente, mientras que en el exponencial el crecimiento de una unidad resulta de manera sistemática un crecimiento más que promocionado de la respuesta.

Eso fue justamente lo que sucedió con la capacidad de procesamiento (y almacenamiento) de las computadoras a partir de la irrupción de los microprocesadores, con resultados 1, 2, 4, 8, 16, 32 y así sucesivamente. Un desarrollo vertiginoso que hacía imposible imaginar que en el año 1980, las primeras computadoras comerciales iban a ser un millón de veces menos rápidas que los teléfonos celulares de la actualidad. En aquel momento, imaginar las funciones de los mismos hubiera sido digno de un texto de ciencia ficción.

Los expertos plantean que este tipo de desarrollo no se va detener, al contrario, todo indica que el mundo comenzará a cambiar tan rápido que será difícil seguir el paso a una evolución tan acelerada. Razón por la cual se viene hablando en los últimos años de las organizaciones exponenciales (EXOs del inglés), empresas del tipo Uber, AirB&B, Coursera y Tesla, aunque también es justo hacer referencia a otras mucho más cotidianas actualmente como Google, Facebook o Cisco, que han crecido significativamente.

El crecimiento exponencial de la tecnología fue enunciado por uno de los fundadores de Intel, Gordon Moore, quien planteó lo que luego fue conocido popularmente como la Ley de Moore (aunque en realidad es una evidencia empírica), en donde determinó y pronosticó que aproximadamente cada dos años se duplica el número de transistores en un microprocesador, aunque inicialmente había dicho que sucedería anualmente. Lo cierto es que, pronostico o profecía autocumplida, la industria se auto-excitó con semejante avance y creció mucho más que todo lo demás.

La creencia es que no se trata de una propiedad exclusiva de los procesadores, y que empresas y productos pueden beneficiarse con una actitud expansiva de este tipo. Entre los mayores promotores de esta posibilidad se encuentra Ray Kurzweil cofundador de la Singularity University en la NASA, en Silicon Valley.  Justamente, al acceder al nuevo sitio de la Singularity, salta a la vista un mensaje corto y conciso “Be Exponential: We empower a global community with the mindset, skillset, and network to create an abundant future”, en donde se postula la posibilidad de una era de la abundancia como la que no se tiene registro.

Parece ser que la tecnología sería la responsable de apalancar el crecimiento de las empresas y la prosperidad de la especie. En muchas oportunidades existe la sensación que hemos finalmente alcanzado el futuro, aunque muchas veces esas ideas contrastan con la realidad circundante. Si bien la tan preciada exponencialidad eventualmente podría reducir graves problemas humanos como el hambre, salud y seguridad. Sin embargo, la realidad, aun en el 2017, es otra, cuando una de cada ocho personas en el planeta va a dormir cada noche con hambre y que en algunos países, uno de cada tres niños está bajo de peso.

Pronostico o profecía autocumplida, lo que sucedió con los procesadores podría pasar rápidamente en otras industrias que se animen a desafiar el status quo, a actuar de manera no convencional y se animen a reinventarlo todo.  Para explicar estos fenómenos, en octubre de 2014, Salim Ismail, CEO de la Singularity University, publicó el libro Exponential Organizations, en conjunto con el periodista especializado en tecnología Michael Malone y el emprendedor Yuri van Geest. El libro, plantea los retos y las oportunidades de convertirse en una organización exponencial, es decir, aquella que tiene una estructura pequeña y flexible, pero que es capaz de expandir más de 10 veces su alcance y sus beneficios.

Para los autores, empresas como Uber o Airbnb son verdaderos ejemplos de gestión empresarial exponencial, empresas que han crecido aceleradamente hasta quedarse con negocios que antes pertenecían a organizaciones inmensas y bien establecidas. Hasta han transformado oficios que se mantuvieron sin mayores cambios durante décadas, para muestra el caso de los taxis.

Las empresas exponenciales tienen características difíciles de reproducir por la mayoría de los negocios, son más efectivas debido a la agilidad y certeza de sus procesos, y es de esperar que terminen por condenar a muchas de las compañías líderes de la actualidad, cuando los pronósticos indican que 85% de las compañías actuales no existirán en las próximas décadas. Número aterrador que convoca decididamente a la acción. Para eso Ismail y compañía hablan de las 6Ds: Digitalización, Decepción, Disrupción, Desmonetización, Desmaterialización y Democratización.

Digitalización. Cualquier cosa que pudiera ser digitalizada -es decir, representada por unos y ceros- podría propagarse a la velocidad de la luz (o al menos la velocidad de Internet) y se volvería libre para reproducirse y compartir. Todo esto apalancado por el hecho que la innovación se dispara cuando las personas comparten e intercambian ideas, cuando el proceso de diseño se va generando como con un Lego; Construyo sobre tu idea y tu sobre la mía.

Decepción. Lo que sigue a la digitalización es la decepción. Al ser un proceso incremental y al surgir desde una base infinitamente pequeña, crecimientos de porcentajes importantes de una base cercana a cero, sigue siendo casi cero, no se mueve mucho la aguja. La primer imagen digital tenía 1% de megapixeles, insignificante. Sin embargo, a medida que se avanza lentamente se sientan las bases para crecimientos más vertiginosos en el futuro.

Disrupción. En términos simples, una tecnología disruptiva es cualquier innovación que crea un nuevo mercado o perturba uno existente. Desafortunadamente, como la disrupción siempre sigue la decepción, la amenaza tecnológica original a menudo parece ridículamente insignificante. Cuando el inventor de las cámaras digitales Steven Sasson (1975) presentó su modelo, tardaba una enormidad en grabar una foto de bajísima resolución, para burla de los incumbentes de la industria, aunque sería cuestión de tiempo para que termine la idea por aplastarlos.

Desmonetización. Quién va a querer comprar un film una vez que las cámaras se volvieron digitales, determinados elementos terminan por perder completamente su valor, lo mismo está sucediendo con el papel, no por que no cuesta nada, sino que ya no es necesario en un número creciente de dispositivos, valiéndose de la capacidad de almacenamiento y display digital de los mismos.

Desmaterialización. Esto significa la eliminación del dispositivo mismo. Si se considera que un smartphone es simultáneamente teléfono, calculadora, cámara fotográfica y de video, y un GPS, - y porque no una computadora- todos de alta potencia y sofisticación, fueron desmonetizados, existen de manera gratuita en cualquier teléfono inteligente del mercado.

¿Cómo se preparan las organizaciones tradicionales -y muchas de las nuevas- para hacer frente a este escenario de negocios exponenciales? La respuesta tendrá que ver con formas alternativas de pensar el negocio, de definir la estrategia, de organizar los talentos, de incorporar prácticas y tecnologías que apoyen el crecimiento vertiginoso de los negocios. Atención, no se trata de comprar tecnología o realizar bolsones de automatización. El tema es replantear a la empresa e incorporarle nuevas fuentes de ventajas competitivas, y hacerlas más flexibles, capaces de sacar provecho de los desafíos y las oportunidades que presenta la tecnología. Un reto que debe ser considerado tanto a nivel personal, empresa o incluso como especie, por que la cuestión parece planteada en “Ser Exponencial” o definitivamente no ser.

Autor: Néstor Márquez

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