Alea jacta est (La suerte está echada)

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Por Adrián Villegas, Profesor en Extensión Universitaria y Desarrollo Ejecutivo, ITAM. Consultor en opinión pública y Marketing, @adrianencuestas

En la contribución del mes pasado hacía una invitación a los lectores a "tener su juego de cristales de color para ver cómo son en realidad los camaleones en contienda". En referencia a los políticos que durante los últimos meses han estado tratando de convencer al electorado de las razones por las cuales ellos son los más adecuados para gobernar a México durante los siguientes seis años.

En el proceso de convencimiento han prometido muchísimas cosas, pero también se han atacado de manera persistente. Lo cual es normal en toda contienda democrática pero que, en esta ocasión, ha llegado al límite donde la decisión del electorado no reside en escoger al mejor de ellos: la decisión se ha reducido por un lado a evitar que Andrés Manuel López Obrador llegue a la presidencia y por el otro a lograr que sí llegue a la presidencia.

Tan es así que los mensajes que circulan por diversos medios, tradicionales y no tradicionales, en el sentido de “votar por quien esté en segundo lugar en las encuestas, no importa quién sea”, revelan el nivel de preocupación de un amplio segmento de la población por evitar que AMLO sea presidente. Pero por otro lado está el segmento de la población que mientras más escucha y ve la consigna anti-AMLO más reafirma su intención de apoyarlo.

La explicación de las razones que sostienen el hecho de que muchos ciudadanos estén tan diametralmente encontrados es compleja y será materia de siguientes colaboraciones.

Todos los meses hablamos de métricas, pero en esta ocasión la métrica de las encuestas de intención de voto cobra una importancia como nunca la había tenido, puesto que es el soporte de la percepción que le permite a unos decir que van muy aventajados y a otros reafirmar que hay que votar por el que vaya segundo en las encuestas, sin importar quién sea, mediante invocaciones al llamado voto “útil”

La frase “este arroz ya se coció” como metáfora de la inevitabilidad del triunfo de Andrés Manuel López Obrador sale a colación en casi cualquier mesa de análisis electoral en medios de comunicación y también en la charla cotidiana del ciudadano. El que lleva la delantera así lo afirma, por ser de su conveniencia y además le adiciona a ella el condimento retórico del “están esperando un milagro, ya ni siquiera con un fraude ganan el 1 de julio”. AMLO dixit.

Pero los que van detrás no se desaniman y dicen, como lo expresó Eruviel Ávila Villegas, miembro del equipo de campaña de JAMK, “estructura mata encuesta”; o los que aprovechando la victoria de México sobre Alemania declaran “para los mexicanos nada es imposible”, o “¿no que no? ¡Claro que se puede!”, en clara alusión a que la desventaja que tienen no es irremontable y que el favorito antes del juego bien puede ser derrotado. La primera frase es de RAC y la segunda de JAMK.

Volvamos la vista ahora a la métrica de intención de voto. Revisemos rápidamente los principales resultados de los agregadores nacionales que están haciendo la labor de generar indicadores ponderados del conjunto de resultados publicados por diferentes casas encuestadoras.

Sus estimados estadísticos de intención de voto a junio 12 son los siguientes:

intenciondevotoencuestas

La distancia entre AMLO y el segundo lugar, que según la tabla mostrada es RAC, ya supera en promedio los 20 puntos porcentuales.

Si suponemos un escenario de participación del orden de 70% andaríamos teniendo poco más de 62 millones de votantes. Si los datos de los agregadores fueren predictivos del resultado final, estaríamos ante un escenario donde AMLO llegaría a superar los 30 millones de votos.

El segundo lugar, RAC según los datos arriba mostrados, obtendría alrededor de 17 millones de votos. Y JAMK, alrededor de 13 millones de votos. Números más, números menos.

Luego entonces, para lograr que se “cierre” la votación y no haya nada para nadie sino hasta que se hayan contado los votos, hipotéticamente todos los millones de votos de JAMK deberían convertirse en votos “útiles” para RAC de aquí al día de la elección. Si fuere JAMK el que estuviera en segundo, el mismo fenómeno tendría que darse. ¿Factible? Usted saque su conclusión.

Alguien dirá: ¿y qué pasa si todos los datos que han servido para insumo de los trabajos de los agregadores tuvieran un sesgo debido a la gran proporción de la población que rechaza ser entrevistada (entre el 40 y el 50% en promedio) y a la proporción de la población que no contesta la pregunta de intención de voto (alrededor del 20% promedio)?

¿Puede entonces la distancia que parece irremontable, no serlo tanto? Usted decida al ver la consistencia de las series históricas de las encuestas.

De lo que no cabe duda es que cada mexicano que vaya a votar tendrá en sus manos la posibilidad de tomar una decisión trascendental, como si fuera un Julio César cuando decidió cruzar el Rubicón y dijo ¡Alea jacta est! (la suerte está echada). Una vez marcada su boleta no hay regreso.

Para cuando usted lea esta contribución ya sabrá cuál fue la decisión mayoritaria. Tal vez coincida con lo que usted voto, tal vez no. Ya se sabrá también si los datos y las probabilidades asociadas a dichos datos fueron predictivas o no. Los agregadores al igual que las casas encuestadoras volverán a estar bajo la crítica pública.

Pero lo más relevante será que todos pongamos por delante un espíritu, una actitud y un comportamiento ciudadano que disipe los enconos generados durante la campaña. Por el bien de todos.

Version Digital NEO

Edicion 231