Publicidad y Propaganda, la importancia de conocer sus diferencias

Por Karla Ávila, presidenta para CONAR

Durante el pasado proceso electoral suscitado en México, pudimos apreciar, sobre todo en redes sociales, una confusión entre los usuarios, quienes se referían a las campañas políticas como “publicidad electoral” que busca el voto; incluso, entre los mismos candidatos al utilizar el término “propaganda publicitaria”, ambas alejadas de su propia naturaleza.

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¿Por qué poner sobre la mesa el tema si hay asuntos más importantes qué discutir? Simple, porque como consumidores nos sumergimos en un ritmo de vida acelerado en el que diferenciar las vertientes de la comunicación de los anunciantes resulta fundamental para entender la manera como nos relacionamos con las marcas y viceversa.

 

Para lograr diferenciarlas, hago un paréntesis para partir de la idea general de que la publicidad resalta las características y atributos de un bien o servicio para captar la atención de la audiencia y motivarla a realizar una acción; mientras que, la propaganda es una serie de mensajes que buscan incidir en la postura o manera de opinar de las personas sobre un tema de orden social, político o ideológico.

  

Ahora bien, con esta base retomo algunos elementos que considero nos ayudaran a diferenciar ambos términos. El primero es por su objetivo, que en ambos casos son diferentes. En este sentido, vemos que la propaganda dirige sus esfuerzos en crear marcos ideológicos para tratar de modificar nuestra opinión y/o conducta, mediante ideas que aseguran una situación como, que “la tierra es plana”; mientras que la publicidad atiende a la curiosidad y se centra en ofrecer soluciones al estilo de vida y atender las necesidades de las personas. ¿Quieres descubrir si la tierra es plana? ¡Reserva tu viaje en el crucero Aristóteles!

 

La siguiente diferencia radica en su naturaleza. Esta nos dice que la publicidad busca provocar una acción (comprar, intercambiar, adquirir, etc.), mientras la propaganda quiere que la audiencia se apropie de una idea para modificar su conducta.

 

Tomando en cuenta los puntos anteriores, podemos aclarar lo que explicaba sobre la confusión en el periodo electoral. Si nos basamos en sus objetivos y naturaleza podemos aclarar que el partido político o candidato -del color que sea- hace propaganda, y no publicidad, pues a través de sus propuestas busca que la población crea en sus ideas y las avale como propias, más no impulsa el hecho de adquirir un bien o servicio para cubrir sus necesidades.

 

Por último, tenemos que se diferencian por su alcance. La publicidad se enfoca a dar a conocer productos y/o servicios que  ayuden a cubrir las necesidades que, con el paso del tiempo, pueden cambiar, transformarse o dar paso a otras nuevas. Mientras que la propaganda atiende a un propósito de mayor temporalidad al establecer ideas que se conviertan en conductas y permeen entre la población. Un ejemplo de ello, cuando recordamos un producto de nuestra infancia cabe la posibilidad de que ya no esté en las tiendas, pero, sí que algunas ideas con las que crecimos sigan vigentes definiendo nuestro comportamiento personal o grupal.

 

Si bien al inicio puede ser complejo, considero que estas sencillas diferencias que he compartido pueden ser la base para como consumidores tengamos las herramientas para identificar las características de los mensajes a los que estamos expuestos a diario, y de esta manera, reforzar el nuevo rol que hemos asumido como Consumidores Responsables, en el que nuestro protagonismo y el acceso a la información está definiendo la manera en cómo interactuamos con nuestros semejantes y los anunciantes.

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