Crowdfunding, una opción a valorar

Por: Marcelo De Fuentes, director general de FUNDARY

 

No soy conocedor ni gustoso de la política, pero me queda perfectamente claro que las circunstancias económicas nos plantean un escenario binario: desastroso, con incalculable cierre de empresas, pérdida de empleos y una inestabilidad social como nunca antes hemos visto y del cual nos recuperaríamos no en menos de cinco años; o uno moderado, sin lugar a dudas difícil, pero del que podemos salir, tal vez, hasta fortalecidos entre 2021 y 2022. El sentido de la balanza estará dictado por la velocidad y asertividad con que se tomen las decisiones pertinentes.

 

Entiendo que la pandemia nos tomó a todos como galerna polar, pero es momento de que nuestro gobierno se despabile y accione con eficaz contundencia.

 

De acuerdo a INEGI y BANCOMEXT (ENAPROCE) en México existen cerca de 4’200,000 micro, pequeñas y medianas empresas que generan el 74% del empleo y aportan un poco más de la mitad del PIB del país; ellas son el motor más importante para que la vida económica no se detenga y hoy emiten un sonoro grito de auxilio para no desaparecer, no porque sus modelos de negocio no funcionen, sino estrictamente por problemas de liquidez. Diversos estudios señalan que, en promedio, este segmento productivo tenía al iniciar la cuarentena recursos suficientes para sobrevivir cuarenta días; la cuenta regresiva está muy cercana a llegar a cero con consecuencias que en verdad ninguno de nosotros quiere ver.

 

Pero lo peor que nos puede pasar es creer que soluciones anacrónicas como El Banco del Bienestar son la respuesta ante la emergencia; el acceso de las Mipymes a productos financieros que alivien esta situación es literalmente ridícula. La sub bancarización alcanza tasas cercanas al 65% y sin recursos frescos no habrá manera de sortear lo que viene.

                                                                                                                                                        Las medidas que el Banco de México ha tomado, permiten que la banca tradicional libere recursos de sus reservas para inyectar liquidez al sistema; el problema es que estos se quedarán en quienes hoy ya tenían acceso a ellos y difícilmente llegarán al sector al cual he hecho referencia, y esto es así simplemente porque no pueden hacerlo de otra forma, no tienen la capacidad para ajustar un modelo de negocio de años en unos cuantos días.

 

Pero en este mar de problemas que nos sumen en una disforia colectiva, hay una excelente noticia y se llama tecnología aplicada a las finanzas; es ella la que nos permitirá dar un golpe de timón para sacar la cabeza y cambiar el rumbo.       

                      

El crowdfunding (también conocido como fondeo colectivo) permite conectar directamente al público en general que tiene liquidez y por la cual busca obtener una tasa de interés muy superior a lo que ofrece el sistema tradicional, con las empresas que requieren de la misma y que están en posibilidad y dispuestas a pagar por este “oxígeno puro” que les permitirá sobrevivir y seguir operando. Pero lo más interesante es que esto puede suceder con niveles de seguridad razonablemente altos (cuyo riesgo está mucho más que compensado por la tasa de interés recibida) y a una velocidad que ningún banco puede siquiera imaginar. El punto de origen del dinero (inversionista) y el de destino (solicitante) se unen por un puente tecnológico más corto, eficiente y seguro como jamás había existido.                                  

         

Pero mucho más allá que una forma de conectar dos puntos (personas) en donde uno tiene lo que el otro necesita bajo un esquema de conveniencia mutua, hoy las circunstancias hacen del crowdfunding la respuesta perfecta a un grito de auxilio del cual depende el futuro de nuestro querido país. Hago votos porque el gobierno valore el poder que tiene la sociedad unida por un bien común; las plataformas de crowdfunding estamos listas con tecnología de punta y con los “puentes” construidos.

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