¿Cómo retomar la socialización después de la pandemia?

Por Jennifer Dorman, experta en sociolingüística para la aplicación de aprendizaje de idiomas Babbel. 

 

El confinamiento y el aislamiento que hemos vivido por la pandemia ha dejado estragos en nosotros y retomar la socialización cara a cara será un camino de paciencia y empatía. Para que esta transición no sea tan extraña, comparto algunos consejos que pueden ayudar a sobrellevarlo mejor:

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Jennifer Dorman. Imagen: cortesía Babbel

 

Reduce el lenguaje corporal

 

La mayoría de nosotros hemos pasado gran parte de los últimos meses delante de una pantalla, trabajando y socializando de manera digital. Durante este periodo de cambios extremos en nuestras prácticas comunicativas, el lenguaje corporal ha adquirido un nuevo significado y una importancia mayor de la que tenía antes de la pandemia.  Así, hemos tenido que utilizar los gestos que normalmente acompañan a nuestras palabras, como el uso de las manos, la postura corporal o las expresiones faciales, de forma más exagerada y evidente.  ¿Pero por qué? Pues porque las señales más sutiles o el contacto visual no funcionan de la misma manera en el marco de videollamadas, donde no se perciben muchos detalles o matices y existen constantes desfases en la transmisión.


Cuando volvamos a un entorno físico y no virtual, tendremos, por lo tanto, que estar atentos a readaptar nuestro lenguaje corporal a situaciones en las que interactuemos cara a cara. En efecto, la forma exagerada de gesticular que hemos adoptado inconscientemente durante el confinamiento podría, según el contexto, resultar demasiado intensa o dramática en la vida real. Debemos recordar que resulta mucho más fácil captar las pequeñas señales cuando se está cara a cara y, por ello, debemos ajustar nuestro lenguaje corporal a las circunstancias.



Establece contacto visual

 

Detente a pensar en todo lo que podrías decirle a alguien sin pronunciar ni una palabra... Muchas cosas, ¿verdad? El contacto visual es una herramienta potente y fundamental a la hora de comunicarse. Intercambiar una mirada furtiva con otro usuario del transporte público puede tener muchos significados, por ejemplo: «¿Estás viendo lo que veo?». Al añadir una sonrisa a esa mirada, se multiplican los posibles significados de este intercambio sin palabras, desde «Acabamos de tener un contacto visual y ahora esta situación me está resultando un tanto incómoda», hasta «Vengo en son de paz», pasando por «No te conozco, pero pareces agradable y te deseo un buen día».


Establecer un contacto visual adecuado es esencial para conectar con tu interlocutor. Además, también resulta fundamental para hacer que alguien se sienta comprendido o escuchado durante una conversación. Por desgracia, tras un poco más de un año de videollamadas, puede que el contacto visual nos resulte un tanto extraño o que no le demos la importancia que realmente se merece. Aunque obviamente no conviene intentar adentrarte en el alma de tu interlocutor con una mirada intensa, sí es importante mantener cierto contacto visual a lo largo de toda la conversación. Esto ayudará a tu interlocutor a entender que estás «ahí» y que te sientes cómodo en su compañía. Adicionalmente, tú mismo te sentirás más conectado con la persona.

 

Pese al carácter fundamental del contacto visual, es posible que muchos de nosotros tengamos que superar un cierto sentimiento de ansiedad o de incomodidad al intercambiar miradas con nuestros interlocutores. Esto se debe al hecho de que mirar a los ojos a una imagen durante una videollamada no supone la misma conexión emocional intrínseca que existe cuando nos encontramos con una persona cara a cara. Ya verás que en cuanto te acostumbres de nuevo al contacto visual en persona, te sentirás más cómodo.

 

Aduéñate poco a poco de los antiguos modos de comunicación

Muchos de nosotros hemos experimentado en los últimos meses lo que se conoce como «fatiga por videollamada». Esta sensación de cansancio se debe al hecho de que interpretar el lenguaje corporal en videollamadas requiere de mucha atención y energía. A esta fatiga también contribuye el hecho de que durante una videoconferencia seamos más conscientes de que todos los participantes nos están mirando directamente. Esto nos hace sentir en el centro de todas las miradas y, por lo tanto, más expuestos.
 

Queda por comprobar si seguiremos sintiéndonos así una vez que volvamos a interactuar en persona. Puede que necesitemos cierto tiempo para adaptarnos de nuevo a las interacciones cara a cara y que este modo de comunicación nos provoque al principio un cierto cansancio. Lo mejor que podemos hacer para anticipar y combatir esta sensación es enfrentarnos con serenidad a estas formas de intercambio social. Iniciar con pasos pequeños es ideal, por ejemplo, empezando con interacciones individuales, para así acostumbrarse de nuevo a las sensaciones asociadas a las conversaciones en persona. Esto hará que las interacciones sociales más amplias con las que probablemente nos volvamos a encontrar en un futuro próximo nos resultan menos arrolladoras.

 

Aprender a ser informal

Dado que la mayoría de las videollamadas que hemos realizado en los últimos meses seguían un horario programado y tenían un objetivo concreto, hemos tenido menos oportunidades de mantener conversaciones informales y espontáneas. Así, en el último año nuestras conversaciones han sufrido menos interrupciones y digresiones e incluso hemos tenido que programar con antelación las videollamadas con nuestros amigos, familiares y allegados para hacerlas cuadrar en nuestras agendas.

Estas nuevas reglas pueden conducir a lo que se conoce en inglés como el síndrome de «maximising our time». Este consiste en esperar y exigir que cada conversación se rija por un orden del día y desemboque en acciones concretas o soluciones. ¡Pero recuerda que la belleza de una conversación también puede residir en su carácter informal y espontáneo! No es necesario que cada conversación que mantengas sea productiva e interesante y tenga como meta solucionar un problema. Intenta abandonar este hábito, si lo has adquirido, y sentirte cómodo con conversaciones más relajadas y menos estructuradas. Probablemente necesites un poco de práctica, pero cuanto más aprendas a soltarte, más fácil te resultará mantener breves conversaciones triviales.

 

Cómo dominar el arte del small talk o de las conversaciones triviales
 

Un elemento clave para poder volver a disfrutar de situaciones informales y relajadas es mantener conversaciones triviales, sobre todo en cuanto lugares como gimnasios, parques o bares vuelvan a abrir y podamos socializar con extraños o conocidos.

Saber con anticipación qué temas debemos evitar o son tabúes puede ser de gran ayuda cuando nos relacionamos con personas que todavía no conocemos bien. ¿No sabes de qué hablar y te preocupa elegir un tema poco adecuado? ¡Entonces apuesta por lo seguro y elige la sencillez! Y si dudas, recuerda que temas como la cultura pop, el deporte o simplemente el tiempo son siempre una excelente opción. Estos temas funcionan maravillosamente bien porque evocan experiencias y conocimientos casi universales, gracias a los cuales la mayoría de la gente puede conectar. Si te sientes atascado, un cumplido puede ser una buena apuesta, ¡siempre y cuando sea sincero, claro!


Escucha a tus interlocutores


Volver a socializar en persona nos va a suponer ciertos esfuerzos y ajustes. Posiblemente nos encontremos pronto en entornos mucho más ruidosos, rodeados de muchas personas y en medio de varias conversaciones simultáneas, algo a lo que nuestros cerebros ya no están acostumbrados. Con tanto alboroto y cosas que atender, tu mente podría tener algunas dificultades en encontrar la manera de llevar a cabo una conversación perfecta.

 

¿Pero entonces cuál es la mejor manera de desconectar del ruido blanco? Hacer todo lo posible por escuchar y mostrar un interés sincero. ¡Al fin y al cabo, todos somos seres sociales que desean ser escuchados! Explora los límites de tu curiosidad formulando preguntas abiertas, es decir aquellas que no se pueden contestar con un «sí» o un «no». Les darás así suficientemente espacio a tus interlocutores para que hablen de sí mismos y entenderás mejor cómo conectar con ellos. Te sorprenderá comprobar lo bien que uno se puede mover en un entorno social determinado con muy pocas palabras.
 

Recuerda que es normal sentirse incómodo


Es posible que experimentemos una ligera sensación de malestar cuando podamos volver a reencontrarnos con nuestros grupos de familiares y amigos. Pero no te preocupes, este tipo de reacción es normal y se debe en gran medida a la falta de comunicación cara a cara del último año. Dado que nuestra mente y nuestro cuerpo están ya tan acostumbrados a las reglas de comunicación por videollamada, incluso podríamos llegar a pensar que nos hemos olvidado de cómo funciona la comunicación cara a cara.

 

Aunque pueda llevarnos algún tiempo volver a adaptarnos a las formas de comunicación «tradicionales» o «prepandemia», pronto superaremos estas sensaciones extrañas, sobre todo al conectar de nuevo con nuestros allegados. Aun así, si te sientes preocupado o ansioso por retomar contactos sociales en persona, ¡no te preocupes! Sentirse así es normal y no eres el único en experimentar lo que se conoce en inglés como «FOMA», es decir, «the fear of meeting up again» o «el miedo a reencontrarse». De la misma manera que conseguimos adaptarnos a nuevas formas de comunicación durante el confinamiento, también nos (re)adaptaremos a las interacciones cara a cara. Sé paciente e intenta tomártelo con calma.

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