Internet también puede ser un espacio de protección
Título: Internet como Espacio de Protección para las Nuevas Generaciones
Recientemente, se celebró el Día Mundial de Internet, una ocasión que invita a reflexionar sobre la innovación, la tecnología y la conectividad. Sin embargo, al abordar el tema de niñas, niños y adolescentes, es crucial que la discusión no se limite al acceso a dispositivos o plataformas digitales. Hoy, hablar de internet implica también considerar aspectos como la desigualdad, la salud mental, la violencia y la protección. Para algunos jóvenes, el entorno digital representa una valiosa oportunidad de aprendizaje y desarrollo, mientras que, para otros, la falta de acceso a la tecnología profundiza las brechas existentes y limita sus posibilidades de futuro.
El debate en torno al tiempo que los menores deben pasar en línea o sobre los peligros que representan las redes sociales ha sido recurrente. Sin embargo, es fundamental plantear una cuestión más profunda: ¿qué sucede con aquellos que no tienen acceso a espacios digitales seguros?
Internet se ha convertido en parte integral de la vida cotidiana de millones de jóvenes. A través de esta plataforma, aprenden, socializan, construyen su identidad, se informan y encuentran espacios de pertenencia. Creer que la solución es desconectarlos por completo del entorno digital es no solo irreal, sino que también ignora una realidad apremiante: estar fuera del entorno digital puede significar perder oportunidades educativas, adquirir habilidades necesarias para el futuro y participar en la sociedad.
Es innegable que existen riesgos asociados al uso de internet. Se ha documentado la prevalencia de diversas formas de violencia digital, como el grooming, la sextorsión y la explotación sexual en línea, que afectan a niñas, niños y adolescentes. Sin embargo, se ha aprendido que el verdadero problema no radica en que los jóvenes estén en internet, sino en dejarlos solos ante estos desafíos.
A menudo, al hablar de la brecha digital, se piensa únicamente en la conectividad. Sin embargo, la desigualdad también se manifiesta en quién puede navegar acompañado, quién tiene acceso a la alfabetización digital, quién cuenta con espacios seguros para conectarse y quién enfrenta el entorno digital desde la precariedad, el aislamiento o la violencia. Esta diferencia es más significativa de lo que se suele reconocer.
Un diagnóstico reciente sobre la salud mental de los jóvenes revela que el aislamiento, la violencia cotidiana y la falta de espacios seguros impactan directamente en su bienestar emocional. Cuando una comunidad no ofrece espacios de encuentro, convivencia y aprendizaje, otros actores pueden ocupar ese vacío.
Por ello, garantizar espacios seguros —tanto físicos como digitales— debe ser considerado una forma esencial de protección. En diversas comunidades del país, se ha observado cómo un entorno digital acompañado puede transformarse en algo más que una simple sala con computadoras. Puede ser un lugar donde una adolescente descubre nuevas habilidades, donde un niño recibe apoyo para continuar sus estudios o donde un grupo de jóvenes puede interactuar lejos de contextos de riesgo.
Recientemente, se inauguró en Cancún una ludoteca y espacio digital comunitario para niñas, niños y adolescentes, con el objetivo de ofrecer un entorno seguro donde puedan aprender, socializar y construir un proyecto de vida. La importancia de estas iniciativas radica no solo en la infraestructura tecnológica, sino en el mensaje que transmiten: las infancias y adolescencias requieren espacios seguros para su desarrollo.
Las empresas tienen un papel fundamental en esta conversación sobre protección digital. La responsabilidad de crear entornos seguros para niñas, niños y adolescentes no puede recaer únicamente en familias, escuelas u organizaciones sociales. Es esencial que más actores comprendan que esta es una responsabilidad colectiva, que implica inversión social, compromiso comunitario y una visión centrada en el bienestar de la niñez.
Cuando una empresa decide involucrarse en proyectos comunitarios, contribuye significativamente a la creación de un entorno más seguro y propicio para las nuevas generaciones.
