La generación agotada: el estrés ya está impactando la crianza en México
Criantia llama a ampliar la conversación sobre salud mental en México para incluir el impacto del estrés, la ansiedad y la sobrecarga emocional en las familias y las infancias.
México, 19 de junio de 2026. El agotamiento emocional en México dejó de ser un fenómeno exclusivamente laboral. Mientras las conversaciones sobre burnout, ansiedad y salud mental ganan relevancia en el país, especialistas alertan que sus consecuencias ya son visibles dentro de los hogares, afectando a quienes trabajan y a niños y jóvenes desde edades cada vez más tempranas.
Datos recientes muestran un escenario preocupante. En un estudio reciente, UNICEF reveló que más de 7 de cada 10 jóvenes mexicanos de la Generación Z se sienten abrumados y que más de la mitad ha necesitado apoyo para atender su salud mental. Por su parte, el INEGI registró que casi 4 de cada 10 mujeres cuidadoras en México reportan sentirse cansadas debido a las labores de cuidado, a las que destinan en promedio cerca de 39 horas semanales.
A lo anterior se suma que más de un tercio de la población nacional vive con altos niveles de estrés financiero, una condición que también impacta el bienestar emocional de las familias.
“Estamos observando una generación emocionalmente agotada: niñas y niños sobreestimulados, adolescentes sobrepasados por la presión cotidiana y personas a cargo de su cuidado que intentan sostenerlo todo mientras enfrentan estrés, ansiedad, saturación mental y preocupaciones económicas”, explica Joy Chimely Boulos, directora general de Fundación Criantia.
Aunque suelen analizarse por separado, estos indicadores apuntan a un mismo fenómeno: el desgaste emocional está presente en distintas etapas de la vida y comienza a reflejarse tanto en las infancias como en las personas que las cuidan.
El impacto no se limita a quien lo experimenta. Cuando el estrés, la ansiedad o la sobrecarga emocional se vuelven permanentes dentro de los hogares, también afectan la calidad de las relaciones familiares, la comunicación y el bienestar de niñas, niños y adolescentes. Lo que comienza como un problema de salud mental individual puede terminar moldeando la manera en que aprenden a gestionar emociones, construir vínculos y relacionarse con su entorno.
Sin embargo, la conversación pública continúa enfocándose principalmente en indicadores de productividad, desempeño académico o rendimiento laboral, mientras aspectos como la regulación emocional, la calidad de los vínculos familiares y el bienestar cotidiano reciben menor atención.
Para Criantia, la pregunta que debería ocupar la agenda pública ya no es únicamente cómo se educa a las nuevas generaciones, sino en qué contexto emocional están creciendo.
“Hablar de crianza hoy también es hablar de salud mental, prevención y bienestar social. Si queremos construir comunidades más sanas, necesitamos mirar lo que está ocurriendo dentro de los hogares y reconocer que el bienestar emocional de las infancias está profundamente conectado con el bienestar de quienes las cuidan. La salud mental ya no puede analizarse únicamente desde la experiencia individual. También debe entenderse como un factor que influye en la forma en que crecen, aprenden y se desarrollan las nuevas generaciones”, añadió Joy.
Ante este escenario, la organización propone ampliar la conversación sobre salud mental para incluir a la crianza como una herramienta de prevención y bienestar social. Fortalecer vínculos seguros, desarrollar habilidades de regulación emocional y generar entornos familiares más saludables es clave para frenar el avance de este desgaste en las familias mexicanas.
